Caso real de enfermedad de Kawasaki

A continuación exponemos un caso real de esta enfermedad:

Caso de Ivan; Edad: 1 año y 11 meses.

Iván comenzó con un cuadro de fiebre el día 4 de abril del año 2008, después de dos días dándole Dalsy y Apiretal sin conseguir que la fiebre bajara de 38,5 me doy cuenta de que se le ha inflamado un ganglio del cuello, y lo llevo al hospital donde no le diagnostican nada importante, y lo derivan a casa.

El día 7 de abril, la fiebre continúa igual y decido llevarlo al ambulatorio del municipio donde residimos.

El día 9 de abril dado que la situación es la misma y yo tengo mis dudas de que no sea algo más que un virus, vuelvo hacia el hospital, donde lo vuelven a derivar a casa.

El cuadro empeoraba por momentos, la fiebre no bajaba, incluso recuerdo haber cogido al niño para bañarlo en agua tibia, cosa que nunca había hecho, porque ya no sabía que hacer para que la fiebre disminuyera. Por otro lado, el bulto que había detectado en el cuello había crecido considerablemente y ya no parecía un ganglio.

Sumado a todo esto, le salió una erupción en la piel y tenía los labios muy rojos. Así que, al día siguiente de nuevo lo llevo al ambulatorio para ver si me decían algo diferente, pero como venía del hospital, daban el diagnóstico por bueno y de vuelta a casa a la espera de si mejoraba con el medicación anteriormente recetada.

El día 11 de abril tenía los síntomas más pronunciados y la fiebre seguía sin bajar. En esta ocasión, cabe añadir que mi hijo casi no se movía, por lo que vuelvo al hospital para explicar que la situación ha empeorado, y si era un virus (como diagnosticaban) ya debería haber mejorado después de tantos días.

Ivan era un niño muy movido, no estaba nunca quieto y con esa edad, a punto de hacer los 2 añitos, era un culillo de mal asiento, por lo tanto el hecho de que estuviera tan quieto, no era para nada normal.

Desde la paz de ahora recuerdo las palabras del médico: “Este niño no camina porque está cansado de tantos días con fiebre, es normal”. Para mí no era nada normal, una madre sabe cuando no es normal!

Esa noche, al llegar a casa del hospital, mientras hacía la cena, mi hijo entró arrastrándose en la cocina, ya no caminaba!!! Qué susto!!

Mi padre me llamó para ver cómo se encontraba el niño y me dijo: “si no te hacen caso aquí y no saben lo que le ocurre al niño, llévalo a Barcelona, allí hay especialistas en niños”.

Esa misma noche, mi marido y yo cogimos el niño y las medicinas, por si tardaban mucho en atendernos, y nos fuimos hacia el hospital San Juan de Dios de Barcelona.

Recuerdo la sala de espera llena… y a pesar de ello nosotros no esperamos ni diez minutos! En seguida nos llamaron. Nos atendió una chica muy jovencita (no recuerdo su nombre porque me gustaría darle las gracias, pero no la volví a ver) y nos dijo: “creo que sé lo que tiene, pero voy a consultarlo”.

Dios mío, qué miedo !!! Empezaron a entrar médicos y observar al niño, lo que hacía, cómo se arrastraba… A partir de aquí ya no recuerdo nada más… lo que dijeron… Todo es confuso, sólo tengo claro que teníamos que firmar un consentimiento para suministrarle una medicación para la enfermedad que ellos creían que tenía: Kawasaki.

Ahora escribiendo estas palabras veo que está superado, no estoy llorando, no cae ni una sola lágrima.

La detección del Kawasaki necesitaba de unos días que realmente Iván no tenía en ese momento, iban tarde para hacer un diagnóstico antes del tratamiento. Por tanto firmamos la autorización y nos quedamos ingresados seis días y sus seis noches. Durante ese período no salimos de la habitación, era peor lo que sucedía fuera, madres llorando abrazadas a doctores, llantos, niños/as con situaciones que no quiero recordar.

Nosotros, entre pruebas contínuas y transfusiones de no sé qué con nuestro hijo de casi dos añitos lleno de gomas y agujas, no sabíamos lo que iba a suceder, y eso es todo lo que nos decían los médicos y enfermeras que nos atendían.

Una vez superamos la semana, nos dieron el alta y volvimos a casa con la medicación que correspondía, creo recordar que aspirina infantil durante un plazo que no acabo de recordar en este momento. También salimos con una programación de revisiones y visitas cada 15 días inicialmente, que luego pasarían a ser mensuales, para pasar a ser cada dos meses para el resto de su vida.

Una de las anécdotas (por decirlo de alguna forma) que recuerdo claramente, fue que los médicos nos comentaron que algunos de los futbolistas de los que sufrían una muerte súbita, habían tenido Kawasaki pero que no se les había tratado, y que nosotros teníamos que estar tranquilos porque estaba bajo control. Podéis imaginar el miedo con el que yo vivía cada vez que mi hijo corría, se ponía rojo, jugaba, respiraba un poco diferente… uff … siempre con las llaves del coche en la mano por si tenía que salir corriendo.

A finales de 2011 alguien me dijo que los niños no se ponían enfermos, que era cosa de las madres y me recomendó que mirara los vídeos de un señor llamado Enric Corbera.

Este fue mi primer contacto con la Consciencia Emocional. Inmediatamente pedí cita y me visitaron en Enero de 2012.

  • Me preguntaron: “A qué órgano le ha afectado esta enfermedad?”
  • Y contesté: “Al corazón, a una arteria coronaria, tiene una aneurisma“.

Es sumamente importante saber el órgano al que ha afectado esta enfermedad para localizar el sentido biológico de la enfermedad.

En mi visita de Consciencia Emocional contemplaron diferentes aspectos; en qué momento empezó la enfermedad y sobre todo trabajamos con el árbol transgeneracional. En el estudio de mi árbol fue donde se encontró la conexión del conflicto que yo, como madre había estado viviendo… concretamente tenía un “conflicto de territorio” Uff… pues no sabía del todo que quería decir, pero era cierto que había un conflicto que era el siguiente:

Yo, llevaba 2 años (la misma edad casi, en la que a mi hijo le surge la enfermedad) preocupándome mucho por una persona que para mí era como mi familia (no mencionaré quien es para respetar su intimidad).

Este periodo lo recuerdo siempre viviendo con tristeza y preocupación, no disfrutaba, no vivía lo que yo quería, siempre pendiente de los movimientos que hacía este familiar, lo cual iba condicionando lo que yo hacía. Recuerdo aquella temporada viviendo angustiada y siempre con pena.

En la consulta, me mostraron que además de este sufrimiento, había una rabia que yo no me permitía expresar.

Recuerdo lo que hicimos en consulta y puesto que yo desconocía todos estos temas, también ignoraba si iría bien o no.

Pasó el tiempo, y en la siguiente visita de Ivan con el cardiólogo nos dieron el alta. Dijeron que no había ninguna marca de ningún aneurisma, que probablemente había sido un “falso diagnóstico”… y ya está !!!

Até cabos con el tiempo y a medida que iba estudiando Consciencia Emocional. Poco a poco he ido tomando conciencia de pequeños detalles que marcaron nuestros días. Todo ha sido un gran aprendizaje, en ocasiones nada fácil. Pero he llegado a comprender tanto… a tener tantas lecciones de lo que yo llamo “la universidad de la vida”, que a fecha de hoy estoy inmensamente agradecida.

Ver  “La enfermedad de Kawasaki (bajo la visión de la Consciencia Emocional)”

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