Carme Casanueva

 

Después de compartir toda una vida en el negocio familiar, mi vida ha dado un giro apasionante.

Mis inicios en la BNE llegan a través de una enfermedad que mi hijo tuvo cuando le faltaba un mes para cumplir los 2 años (enfermedad de Kawasaki).

En esos momentos sentí que mi vida se rompía, que si perdía mi hijo yo moría. Todo dejó de tener sentido y continué viviendo como un robot, sin entender la vida, sin entender que hacía ni hacia dónde debía ir … sólo “iba haciendo”.

Mientras trabajaba en la tienda de mi madre, un día llegó una clienta y me dijo: “… los niños no enferman … “, eso me paralizó, en ese momento se empezó a mover todo dentro de mí, como si me hubieran puesto en marcha la máquina de nuevo, había algo que me decía que yo tenía la respuesta y que tenía que averiguar qué era, qué debía hacer yo por el bien de mi hijo.

Actualmente “aquella clienta”, es amiga, una amiga a la que siempre le estaré agradecida.

Tomé conciencia de cómo era mi día a día, de las fidelidades familiares que estaba gestionando de modo incorrecto, de la incoherencia en la que vivía, de todo lo que, de manera inconsciente, pasaba en mi vida. Y, por primera vez decidí hacer lo que sentía.

Ha sido un proceso de cambios, de miedos, de inquietudes, pero siempre he intentado escucharme internamente, ya que no lo había hecho nunca y en momentos difíciles me he repetido: “confía Carmen, confía, lo que estás viviendo ha de tener un Para Qué “.

He encontrado el significado de la palabra “coherencia” e intento tenerla siempre presente.

Sólo iniciar mi formación en BNE ya empecé a acompañar a personas con sus procesos de salud. Esto me ha dado mucha experiencia y sobre todo agradezco muchísimo a aquellas personas que, aún en mis inicios, también confiaron en mí.

Al terminar los estudios en BNE me ofrecieron un proyecto, del que he obtenido un buen aprendizaje y después de 9 meses trabajando en equipo, el proyecto finalizó. Me volvía a encontrar en un momento de miedos y más inquietudes, pero decidí confiar, confiar de nuevo en que todo tenía un Para Qué. Los altos y bajos que he ido viviendo en este proceso me han ayudado a seguir avanzando en mi aprendizaje y a seguir tomando conciencia de la infinidad de situaciones y repeticiones de vida que nos acompañan y nos manifiestan hasta que no están resueltas del todo.

Maite llegó a mi vida, de aquella manera que llamamos “casualidad”, (ahora tengo la certeza de que nada es casual). Me transmitió una energía desbordante, tenía ideas y un proyecto muy interesante.

Una gran amiga, Eva, en su visión de acompañamiento siempre me ha dicho: “CONFIA”…Y eso es lo que siento aquí y ahora.

Mi corazón me dice y siente que es aquí y ahora donde debo estar y deseo compartir esta nueva ilusión hasta que el universo me lo transmita.

Gracias